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2019: Panorama para el Obamacare y Puerto Rico
Published Tuesday, December 11, 2018 5:00 am
by Ibrahim Pérez

El 2019 brinda a la nueva mayoría demócrata de la Cámara de Representantes federal la gran oportunidad de transformar el Obamacare en una fórmula progresista para la salud estadounidense. Las encuestas de las elecciones de medio término en 2018 confirmaron la salud como el asunto más importante para los votantes, que el rechazo  al Obamacare había cambiado a un endoso mayoritario y que un sistema universal de pagador único tenía un apoyo público de 70%, incluido un sorpresivo 52% entre votantes republicanos.

 Los demócratas aprobarán en la Cámara la protección a los pacientes con condiciones pre-existentes como su primera legislación de 2019. Ello comenzará a restituir,  estabilizar al menos, las disposiciones más populares del Obamacare mutiladas por el Trumpcare.

 Sin embargo, la intensa polarización que persiste en el congreso luce como un anticipo de que el tranque legislativo continuará, que los demócratas no podrán adelantar ninguna nueva propuesta de envergadura sobre salud, y que a los republicanos tampoco se le hará fácil seguir infligiendo daño al Obamacare.

 Los demócratas intentarán cumplir lo que prometieron: establecer un sistema universal de salud como en los países más saludables. Estos tratan la salud como un derecho y no como un negocio, adoptando sistemas universales desvinculados de la política partidista y del lucro de las aseguradoras. Han tenido éxito porque se han enfocado primordialmente en el bienestar de la gente y la solidaridad salubrista: universalidad, cuidado primario-preventivo dominante, fácil acceso a servicios de calidad, costos razonables y asequibles. Pero eso luce difícilmente alcanzable ante las visiones diametralmente opuestas entre republicanos y demócratas.

 La simpatía pública en Estados Unidos a favor de un sistema de salud universal de pagador único, no será suficiente para que la propuesta demócrata pase el cedazo senatorial. Desafortunadamente,  enfrentará la implacable oposición de un Senado republicano que interpreta un sistema universal de salud como indicativo de más participación y reglamentación gubernamental, y sobre todo, como estrategia demócrata para proteger a millones de habitantes que no pueden financiar un seguro en el sector privado y que dependerán de programas gubernamentales o subsidios económicos para ganar acceso a servicios de salud.

 Si el Senado  diese paso al nuevo programa público demócrata de salud, traicionaría la esencia de lo que significa ser republicano:  que cada persona escoja libremente, sin intromisión gubernamental, entre opciones